jueves, 16 de febrero de 2012

Dialógica de lo Concreto: Poder Popular

                                                                                            Filósofo Orlando Duno Profesor/UNELLEZ
El siglo XXI constituye para Venezuela el portal más importante que se haya abierto en el mundo para país alguno.  Con ese siglo se da inicio un proceso trascendental en todos los ámbitos de la vida. ¿Quién en este país no ha participado de manera protagónica, en menor o mayor grado, de los acontecimientos políticos-sociales que se han sucedido en los últimos 12 años? Conversatorios de múltiples y pintorescos temas surgidos en la más mínima esquina de comunidades a lo largo y ancho de Venezuela. Los hogares se convirtieron ellos mismos en las nuevas ágoras de la política, en centros de parlamentos cotidianos. Una avalancha de pensamientos invade las calles de los barrios, las comunidades de pueblos allende la capital. En otras palabras, la capital, como epicentro del poder político, se desarticula involuntariamente para asumirse como un movimiento colectivo que da razón de su presencia en las voces del pueblo que toma la soberanía como expresión revolucionaria de su propia condición existenciaria.
Esta experiencia   se presenta como imperativa desde un espacio público de discusión social y política. Se hace público desde las entrañas del poder, es decir, lo hace público el Presidente Chávez. Tradicionalmente los gobernantes eran gobernados desde lo privado, el poder económico estaba por encima del poder político. Chávez invierte esta lógica: empodera al pueblo de las leyes, se crea una nueva constitución. Se pasa del derecho privado al derecho social. Ahora la constitución reclama la participación responsable de los principales actores de la sociedad: el colectivo. Este avance trascendental en lo social y en lo político conlleva una forma distinta de concebir el devenir del pueblo Venezolano.
Desde 1999, con la nueva constitución, la soberanía no es un tema de pasillos académicos, solamente, ahora es asumido en las mínimas formas organizativas sociales: en las casas, las escuelas, los pasillos de universidades, cafetines públicos, sociedades secretas, inclusive. La constitución le otorga marco jurídico y social a la población con el objeto que se conviertan en los actores principales del poder político.


 El ejemplo más emblemático que vivimos en la historia reciente de nuestro país de la participación del pueblo fue la discusión que se originó a partir del texto propuesto por el presidente de la nueva Constitución: el movimiento social fue impresionantemente incalculable. No hubo día, hora, ni lugar donde no se hablara o discutiera la nueva Constitución.
 En este sentido, la Revolución Bolivariana ha sostenido su dialéctica y su dialógica. En primer término, se concibe lo político como un espacio de altísima complejidad societal. Por el otro, se construyen espacios donde lo contrario no se destruye, antes bien, se incorpora a los saberes cotidianos del hacer y el pensar. Con otras palabras, lo político se entiende en un marco de referencia que trasciende los sectores tradicionales que ello representa, a saber: los partidos políticos. Con el proceso de transformación revolucionario lo político se construye en las discusiones de la gente común, en la dialógica de los movimientos sociales que nacieron a partir del gran liderazgo del presidente Chávez.
La dialéctica de lo concreto se fragua en la consciencia humanista como identidad de un pueblo decidido a trastocar las prácticas antagónicas de la vida capitalista. Un pueblo que celebra la vida. Un pueblo que celebra el canto de nuevos amaneceres pletóricos de esperanzas y de nuevas formas de relacionarnos con la vida, vincularnos con la naturaleza, con el mundo y, sobre todo, concebir la verdad como un hecho colectivo, como la comunización de los grandes problemas de los hombres, pero también la comunización de las magnificiencias humanas como la cultura, las ciencias, las artes, filosofía.
Apropiarse y desapropiarse dialéctica y dialógicamente de identidades que determinan fronteras, que demarcan territorios como expresiones de poder y de dominio. Apropiarse de prácticas humanistas y humanizantes que dignifican las condiciones materiales y espirituales para la libertad, no para la muerte. Desapropiarse de consciencias políticas de dominación, esclavizadoras de pueblos, colonizadoras del pensamiento. Este llamado libertario y de libertades se está fraguando nuevamente en un país que por su naturaleza, sus hombres y mujeres pluriétnico, multilingüe,  solidario y fraterno creen en los infinitos poderes creadores del pueblo.
 Ciertamente el pueblo no como un nombre, sino más bien, como los hombres y mujeres, niños y niñas que el poeta Aquiles Nazoa nos presenta en sus voces cotidianas de la poesía. Así, pues, hablo de las creaciones míticas, fábulas, desde las polifonías multicolores que impregnan las luchas por las libertades y las consciencias libertarias del pueblo de Bolívar, Martí y de las voces silenciosas de Gransci que aturden las empresas dominantes y dominadoras de los imperios sobre nuestros pueblos.

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